Creo que no es fácil crecer o cambiar de piel, pues para lograr dar un paso es necesario haber pasado por innumerables obstáculos, prácticamente todos inmateriales. Es así que una vez que hemos alcanzado el siguiente escalón podemos mirar un poco más alto y de esta manera comprender un trozo más de nuestra vida.
Fue así como me sucedió cuando era niño que mi padre me decía que saldríamos el fin de semana a dar un paseo, y luego no íbamos a ninguna parte, sin explicación de por medio. Así este tipo de recuerdos es común en este tema, es cierto que otras tantas salíamos, pero en momentos claves, él argumentaba falta de dinero u otra cosa, luego de ver mi cara de tristeza y desilusión. No quiero decir con esto que siempre era así, pero fue lo suficiente para volver a sentir el deseo de estar caminando con él por algún lado.
En otros momentos de la vida sucedió igual pero con otras personas y otras circunstancias, y no lo había visto hasta ahora, en esos momentos sólo me quedaban esos sentimientos de tristeza de la niñez.
Actualmente una vez más ha vuelto a suceder y no fue un paseo o un compromiso con mi padre, si no mi trabajo – relación con la autoridad, el padre – una cuestión tan simple como cambiar de labores, algo que en el fondo deseo y quiero pues me estoy preparando al estudiar otra profesión, trabajo por el cual se que puedo entregar mucho más de mi ser, y luego la autoridad así como desiste o aprueba, y luego vuelve a desistir, no quedando claro si se cumplirá el traslado, de ser así una vez más quedaría un compromiso roto, y esperaría a mi padre que viniera por mi a sacarme de paseo, cuestión que ya no fue. Sin embargo esto me ha enseñado a que cada compromiso que asumo debe ser sagradamente cumplido, aunque esto me lleve la vida, pues no tengo derecho alguno sobre la vida de los otros, si bien es cierto que muchas veces entro en conflicto con mi entorno por el deseo de cumplir todo lo comprometido, por lo que he optado por bajar la cantidad de compromisos, sobre todo simultáneos y así sacar presión sobre mis hombros.
Es así como podemos reconocer un karma pequeñito para rectificar en esta vida, y no acumular causalidad suficiente como para provocar que nuevamente deba resolver lo mismo en la siguiente vida, si ahora tengo la oportunidad de hacerle frente. Que mejor que Rafael vaya al encuentro de ese niño que quedó esperando y lo acoja tome de la mano y le muestre sus sueños